Por supuesto que era necesario pararse a pensar

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Artículo de opinión

Alfonso Herrera Navarro
Secretario de Movilidad Sostenible y Agenda Urbana

En Rivas disfrutamos de una gran calidad de vida. Creo que en eso estamos todos de acuerdo. Sus parques, sus jardines, sus amplias avenidas, su extendido arbolado, el Parque del Sureste, las calles de reciente construcción, las terrazas, sus polideportivos y zonas comerciales, sus rotondas… Y es verdad, en Rivas vivimos muy bien. Incluso antes de llegar a vivir aquí, ya se oía decir que Rivas es el “Pozuelo del sur”. Y no les faltaba razón.

También se oía decir que Rivas era el municipio más joven de Europa dado que muchas parejas venían aquí para formar familia. Ahora más bien se percibe que mucha gente viene aquí a vivir con la familia ya formada, y que buscan en Rivas el espacio y la calidad de vida que no tienen en la capital.

Ya una vez aquí, me di cuenta de que Rivas estaba creciendo de una forma ordenada. Que sus amplias y nuevas calles contenían cada vez más y más vehículos, pero sin llegar a atascos monumentales. Que, a pesar del elevadísimo crecimiento, los niños y niñas del incipiente municipio iban relativamente cerca de su domicilio al colegio. Que teníamos no demasiado lejos un centro de salud y urgencias todos los fines de semana y festivos, (sobre todo por si algún crío se ponía malo).

Pero todo esto desgraciadamente empezó a cambiar. Ya antes del comienzo de la década de los 20, empezamos a comprobar como las calzadas se empezaron a quedar pequeñas dado que cada familia tenía 2 o incluso 3 vehículos. Que los centros sanitarios empezaron a restringir tanto el horario que para darte una cita para ver a tu médico tardabas 1 semana, 10 días, cuando antes como mucho eran 2 ó 3. También empezamos a ver cómo nuestros niños se hacinaban en las aulas de los colegios e inventaron una nueva y económica solución en forma de barracones. Cada vez quedaban menos parcelas desocupadas en los más de 4 kilómetros de longitud de nuestra querida ciudad. Y sí, es que el Rivas que yo conocí se estaba llenando. Ya somos casi 100.000 habitantes. Y entonces te haces la pregunta del millón: ¿Hasta dónde va a seguir creciendo?

¿Se puede seguir creciendo hasta los límites del Parque del Sureste, hasta los límites del Cristo de Rivas y Vicálvaro y llegar a los 200.000 habitantes o incluso rebasarlo? Y la respuesta es sí, sí se puede. ¿Sería bueno, sería recomendable, sería sostenible? Para mí, la respuesta es no. Y la respuesta sería a mi juicio muy clara y evidente. La calidad de vida por la que todos nos hemos sentido atraídos a vivir aquí se vería rotunda y claramente disminuida y perjudicada. En cuanto a sus amplias calles, parques y jardines, atascos, contaminación y por supuesto capacidad escolar y centros sanitarios, ya que como todos sabemos, la adjudicación de más colegios y de centros sanitarios no dependen del Ayuntamiento sino de la Comunidad Autónoma de Madrid.

El crecimiento de una ciudad debe ser a mi juicio ordenado, justo y sostenible. No podemos edificar cada metro cuadrado de terreno. No debemos ocupar todas las parcelas por un mero hecho recaudatorio. No podemos tampoco crecer sin un desarrollo económico adecuado, sin comercios de proximidad, sin un mayor parque de viviendas en alquiler o sin unos servicios necesarios, equitativos y proporcionales a la población futura. Hemos comprobado cómo en otras regiones la gestión del suelo se ha realizado como si de cualquier otro bien económico se tratara, acabando en negocios especulativos, además de en un progresivo deterioro medioambiental y consecuentemente en la ruina económica de los territorios. Y no. No estoy exagerando. Desgraciadamente hay numerosos ejemplos a nuestro alrededor que lo demuestran. Por eso desde luego que era necesario “pararse a pensar”. Pararse a pensar para saber que queremos hacer con Rivas. Para saber que Rivas queremos. Para seguir construyendo esta maravillosa y joven ciudad por la que un día nos sentimos atraídos e ilusionados y a la que, al menos yo, le deseo que continúe igual.

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