Urbanismo desde la perspectiva de género

Artículo de opinión de Pilar Gabina Alonso, Concejala de Urbanismo y Vivienda. Secretaria de organización del PSOE de Rivas.

Pensar el espacio urbano para todas y para todos es hacerlo desde la diferencia pero no desde la desigualdad.

El objeto del urbanismo debe ser poder vivir en barrios inclusivos que tengan en cuenta la diversidad real que caracteriza a los espacios urbanos. El derecho a la ciudad es un derecho humano que debe incluir sin ninguna salvedad todas las personas.

Aplicar la perspectiva de género en el urbanismo supone posicionar en igualdad de condiciones el mundo productivo y el reproductivo. Implica un urbanismo de proximidad donde la experiencia de las personas constituye una fuente básica de conocimiento.

El urbanismo con perspectiva de género como parte de la arquitectura —aunque ha tenido un importante desarrollo en contenidos en los últimos años— aún se encuentra en proceso de definición. Existen posicionamientos heterogéneos que se mueven entre las aportaciones teóricas y los proyectos de propuestas concretas. El papel histórico de la mujer en la ciudad ha ido decayendo en los últimos años debido a las dificultades de ejecución y al necesitar importantes inversiones económicas.

No obstante, paralelamente han proliferado estudios propositivos de buenas prácticas en el urbanismo y la arquitectura que incorporan la perspectiva de género en sus determinaciones.

En la búsqueda de una propuesta práctica sobre los aspectos que deberían ser tratados por el urbanismo a través de la perspectiva de género, se podrían tener en cuenta tres líneas de trabajo:

Primera línea de trabajo. La movilidad.

Un análisis de los desplazamientos aplicando la segregación de género nos indica que los itinerarios que realizan las mujeres suelen ser mucho más complejos. Van enlazando diferentes paradas con una heterogeneidad de objetivos —de casa al colegio, del colegio al trabajo, del trabajo a la tienda, de la tienda al colegio y del colegio a casa.

En contraposición, los desplazamientos de los varones suelen ser de tipo pendular —de casa al trabajo y del trabajo a casa.

La dimensión económica cobra importancia cuando solo existe un coche por unidad familiar, que generalmente este suele ser utilizado por el varón mientras que la mujer se suele desplazar caminando o en transporte público.

De hecho, el porcentaje de usuarias de transporte público es mayor que el de usuarios. A estos desplazamientos añadimos el hecho de que se realizan acompañando a niños y niñas, personas mayores, personas dependientes o con movilidad reducida.

La imposibilidad de un desplazamiento ajustado a las exigencias de la ciudad contemporánea genera exclusión social y laboral.

Segunda línea de trabajo. La seguridad.

Parece obvio que las mujeres —y mucho más si van acompañadas de personas vulnerables como niños y niñas, personas mayores, dependientes o con movilidad reducida—, presentan una mayor indefensión ante ataques o conflictos con otras personas.

La mujer no solo debe estar segura, sino que debe sentirse segura. Ese debería ser uno de los objetivos principales del urbanismo. Cuestiones como una adecuada iluminación no solo de los recorridos principales —sino también de los recovecos, calles secundarias, salidas de metro, paradas de autobús…—, deberían ser contempladas por los proyectos de urbanización. Previamente estas cuestiones deberían ser detectadas en los estudios de desarrollo urbanístico.

Tercera línea de trabajo. La accesibilidad.

Normalmente son las mujeres las que se ocupan del cuidado de las personas con problemas de movilidad. Las distintas normativas de accesibilidad ayudan a solventar algunos de los problemas que las personas con movilidad reducida se encuentran en el uso libre de la ciudad.

Diseñar espacios públicos seguros, accesibles y a los que se pueda llegar desde los principales puntos de la ciudad favorece la interacción y la cohesión social.

Una apuesta clara por la participación ciudadana en los procesos que aspiren a una autogestión de los espacios públicos que sea efectiva, deberá contemplar la aportación de la perspectiva de género como un instrumento valioso.

Si aceptamos la urgencia de incorporar la vida al plano material de la arquitectura y de la planificación como resistencia a la tendencia global que deshumaniza nuestros entornos urbanos, descubriremos que la perspectiva de género es una herramienta imprescindible que ayuda a transformar y mejorar nuestra comprensión del despliegue de la habitabilidad de muchos colectivos en la ciudad.

Se tendría que incorporar la perspectiva de género al urbanismo a través de diferentes herramientas, haciéndose imprescindible contextualizar y hacer legible este aspecto para que quienes deben aplicarlo no lo rechacen y lo asuman como una herramienta útil que mejore su trabajo y no como una imposición que lo obstaculiza.

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